Psic.Carlos Medina

Estás abusando.

Hay algo que nunca decimos en eventos de negocios: networking, inauguraciones, etc.

Algo que se queda detrás de la puerta cerrada de tu oficina, de tu casa, de tu cabeza.

Por fuera, todos lucimos iguales. Ropa impecable. Sonrisa de control. Respuestas seguras. “Todo va bien”, decimos. “Creciendo”, respondemos. “Ocupado pero feliz”, mentimos.

Pero nadie sabe.

Nadie sabe cómo le haces para convencer a tu mente cuando el flujo de dinero colapsó y no tienes cómo pagar la nómina.

Nadie sabe qué necesitas para apagar el cerebro después de 14 horas de decisiones y evitar quedarte mirando al techo de tu habitación a las 3:00 am.

Nadie sabe cómo llegas realmente al día siguiente después de una crisis familiar mientras mantienes el negocio a flote.

Nos dijeron que “el éxito es cabron”. Que hay que sacrificarse. Que “lo que no te mata te hace más fuerte” o “hay que chingarle”. Vimos a nuestros mentores y familiares dejar su salud en la empresa.

Entonces aprendimos a compensar para no ser vistos como débiles. Prefimos buscar algo externo a levantar la mano y pedir ayuda.

 

Rituales.

Para algunos es el whisky. Esa copa que se convierte en dos y, al cabo de un par de meses, ya son 4 copas, 5-6 veces por semana. Que pasa de ser un placer a ser una necesidad. El momento en que te das cuenta de que ya no tomas porque quieres, sino porque lo necesitas para bajar las revoluciones.

Para otros son las pastillas.

  • El Clonazepam para poder dormir después de un día imposible
  • El antidepresivo que el médico recetó “temporalmente” hace tres años
  • El Zolpidem porque tu cabeza no para de resolver problemas a las 3AM

Y así, lo que empezó como ayuda médica legítima se convierte en el único puente entre tú y algo parecido a la paz.

Luego están los estimulantes. La cafeína que pasó de una taza energizante al llegar a la oficina, a 2 expresos y 4 tazas de americano del tamaño de las que servían en Central Perk de Friends. El cigarro que “solo fumo cuando estoy estresado” (que es siempre). La nicotina que promete claridad pero solo entrega ansiedad disfrazada de productividad.

Y en casos más extremos, los estimulantes farmacéuticos. Porque “necesito rendir” se convirtió en un mandato más importante que “necesito estar bien”.

La Ilusión del Control.

El ser humano es complejo. Quizás crees que estás controlando la situación con estas sustancias.

Crees que el alcohol te relaja. Que el fármaco te estabiliza. Que la cafeína te hace más productivo. Crees que estás manejando las variables. Que eres tú quien decide.

Pero hay un momento.

Un momento pequeño, casi invisible, donde la ecuación se invierte, mi querido empresario.

Donde ya no usas la sustancia.

Donde la sustancia te usa a ti.

Tus colegas hablan abiertamente de sus ansiolíticos. Tu círculo normaliza el “trabajar de día, beber de noche”. La cultura empresarial aplaude el autosacrificio y disfraza la dependencia como resiliencia.

Entonces, ¿cómo ibas a saber que algo estaba mal si todo parecía normal?

En muchos casos, debo reconocer, que no es tu culpa haber llegado aquí. El sistema está diseñado para esto. Para celebrar el agotamiento y especialmente el entumecimiento, lo que sea menos estar en mis 5 sentidos “pa’seguir aguantando vara”.

 

Recibir pacientes desbordados mentalmente y que ya estén usando algún tipo de relajante o estimulante es cada vez más común. Pienso que ser empresario se ha vuelto muy difícil.

Mi pregunta en terapia siempre es: ¿Qué pasaría si te quitaran todo eso mañana?

¿Podrías dormir?
¿Podrías funcionar?
¿Podrías manejar un día difícil?

Si la respuesta te incomoda, ya sabes la verdad.

No tienes control.

Y ninguna sustancia te lo va a devolver. Al contrario, te lo está quitando poco a poco si no sabes dónde está el límite. Y ojo… no hablo de adicciones como la imagen del junkie tirado en la calle inyectándose; hablo del empresario que tiene 10 años tomando un fármaco para poder dormir y operar mentalmente; sigue siendo funcional; no es un junkie, pero definitivamente ya es dependiente de algo.

Lo único que realmente te dará control sobre tu vida no viene en una botella, en una caja de pastillas. Está en tu cabeza. Viene de hacer el trabajo interno que has estado evitando con todo lo anterior.

Ese trabajo psicológico que no puedes delegar, que no puedes acelerar con un estimulante ni escapar con un depresor.

Si tu negocio dependiera de un proveedor poco confiable, ¿no buscarías alternativas? ¿Por qué tu bienestar mental depende de sustancias que cada vez necesitas más?

Piénsalo y escribe; este tema siempre es bueno.

Abrazo.