¿Eres el cuello de botella de tu emprendimiento?
Hola, emprendedor.
Esto de “ser tu propio jefe” no es como te lo pintaron.
No importa el tamaño ni el giro de tu emprendimiento: el camino siempre está lleno de incertidumbre, cansancio y decisiones que pesan más de lo que parece.
Y aun así, ahí estás, avanzando.
Siempre me ha llamado la atención un fenómeno: los emprendedores tienen el valor de desafiar las estadísticas de que 8 de 10 nuevos negocios cierran antes de cumplir su primer año; eso es de valientes, no hay discusión.
Pero más allá de tener “agallas”, hay una paradoja que como psicólogo me llama todavía más la atención: El mismo creador del emprendimiento es el que frena su crecimiento.
Sí, hablo de ser el cuello de botella de tu propia empresa.
Esto sucede más de lo que imaginas. Estudios estiman que al menos un 35% de las pequeñas y medianas empresas se estancan porque el propio dueño, sin darse cuenta, se convierte en el freno principal.
La paradoja es clara: el mismo motor que impulsó el proyecto, ahora lo detiene.
El origen psicológico del cuello de botella
No te voy a dar la clásica lista de “hábitos del emprendedor exitoso” que encuentras en las publicaciones tradicionales.
Vamos a lo profundo: al nivel de la mente, donde se gestan las verdaderas causas que te convierten en el cuello de botella.
- Falta de confianza.
Cuando no delegas, no es solo un problema de gestión, sino de seguridad interna. A veces tiene que ver con experiencias pasadas o con el estilo de apego que aprendimos sin darnos cuenta. Delegar implica soltar el control, y para muchos eso se siente como perder poder. No se trata de saber cómo delegar, sino de confiar internamente en que el otro también puede hacerlo bien. - Falta de claridad.
Muchos dueños creen que su equipo “ya sabe hacia dónde van”, pero en realidad el rumbo está nublado. Esto es otro problema bastante común que convierte al emprendedor en su propio obstáculo. La claridad no solo es saber qué quieres facturar, sino entender para qué lo haces y cómo vas a llegar.
Sin claridad, el equipo actúa a ciegas y el negocio se llena de ruido operativo, tareas duplicadas y fatiga emocional en el equipo. - Postergación de decisiones clave.
El cerebro humano es una máquina de procrastinar. Estamos neurológicamente cableados para reaccionar ante amenazas inmediatas y evitar lo que incomoda. Por eso postergas decisiones que sabes que cambiarían tu negocio pero que te causan algun tipo de incomodidad: despedir a un colaborador que contamina, invertir para crecer por miedo a bajar la cuenta de banco, profesionalizar porque tienes que ponerte a hacer tareas. No es flojera, es biología.
Pero la biología no debe dictar tu destino empresarial. - Miedo al crecimiento.
Cuando las cosas comienzan a salir bien, y el crecimiento que tanto soñaste empieza a suceder, aparece el miedo. Crecer implica enfrentarte a lo desconocido, asumir más responsabilidades y dejar atrás versiones viejas de ti mismo que no le sirven al nuevo nivel de tu emprendimiento.
Carl Jung llamaba a esto “la sombra”: esa parte del inconsciente que teme avanzar porque hacerlo implica transformarse.
Muchos emprendedores, sin saberlo, prefieren quedarse donde están antes que enfrentarse a su propia evolución. Esto es uno de los hallazgos más poderosos que hago en terapia para emprendedores. - Falta de rendición de cuentas.
Ser tu propio jefe suena liberador, hasta que descubres que cuando nadie te exige resultados, tu capacidad está al 70%. En ese vacío, los sesgos mentales se amplifican: justificas retrasos, minimizas errores y pierdes perspectiva.
En nuestro programa, hemos visto cómo la rendición de cuentas duplica la productividad y, más importante aún, reduce la ansiedad al tener una estructura que te sostiene y te mueve rápido sin desgastarte.
Cómo empezar a liberarte del cuello de botella
Si algo de esto te resonó, no te preocupes. Todos los emprendedores, en algún momento, se convierten en su propio límite.
Hay tres áreas donde puedes empezar a trabajar hoy:
Confianza. En ti y en los demás. Delegar no se trata de soltar tareas, sino de soltar el miedo a perder el control. Aprender a confiar en tu equipo es la única manera de crecer un emprendimiento.
Mentalidad de crecimiento. Cuidado con creerte imparable. La doctora Carol Dweck, la autora del libro “mindset” descubrió que llegan más lejos las personas que confían en su capacidad de aprender que las que se consideran superiormente talentosas.
Eliminar sesgos mentales. Todos los tenemos. Mientras no los veas, seguirán guiando tus decisiones en silencio y te van a frenar. El diálogo con otros emprendedores y los mentores que estamos en la comunidad de Startup Mexico puede mostrarte tus puntos ciegos.
Muchos emprendedores creen que su problema está en el mercado. Pero la mayoría de las veces, el verdadero reto está dentro de uno mismo.
Tu emprendimiento solo puede crecer hasta donde tu mente crezca, nunca más allá.
Así que antes de buscar la siguiente gran estrategia o el CRM de moda, pregúntate algo más profundo:
¿Estoy creciendo yo al mismo ritmo que mi emprendimiento?
A veces, lo único que necesita tu emprendimiento para avanzar…es que su fundador se libere de sí mismo.
Abrazo,
Charly Medina.
Psicólogo de Emprendedores.
Instagram: @psic.carlosmedina